
Liberalismo y el ejemplo de las notas
Rosario Corvalán, Alumna de 2° año
El ejemplo es el siguiente: Un profesor le dice a sus alumnos que de ahora en adelante las notas del curso se promediarán, y todos obtendrán la misma calificación en cada evaluación. Esto dará necesariamente con que los menos esforzados se relajarán más aun, y los esforzados se frustrarán y dejarán de esforzarse tanto, porque no verán frutos suficientes de sus estudios. El resultado final será, entonces, pésimas calificaciones finales para todo el curso, pues ya nadie encontrará incentivo para estudiar a conciencia”.
Con ello se intenta demostrar que el socialismo no funciona, por el simple hecho de que al no ser proporcional el esfuerzo (estudio) y los ingresos (notas) la gente pierde el estímulo para trabajar, llegando a una pobreza generalizada (notas bajas para todos).
Probablemente muchos hemos oído o leído el ejemplo en contextos bastante serios; pero la verdad es que se trata de un ejemplo, a lo menos, insuficiente. Parece ser que todo ejemplo lo es, pero en este caso hay que decir que no solo no logra retratar la realidad cabalmente, sino que además la distorsiona.
En primer lugar, el caso señalado desconoce el papel que juega la variable “inteligencia” en la obtención de un determinado resultado, quedándose solo con la de “esfuerzo”. Y en segundo término, toma como un dato indudable el hecho de que nadie está dispuesto a hacer un esfuerzo por el otro.
No nos centraremos por esta vez en que, contra lo que pretende el paradigma meritocrático y gran parte de los liberales, el esfuerzo no es el único título justo para exigir una vida digna (un tetrapléjico probablemente no puede “esforzarse” para obtener una remuneración mensual, y así y todo es exigible en justicia –no solo “solicitable a la filantropía”- que reciba medios para vivir dignamente). Lo que intentaremos constatar es que, incluso suponiendo que tuvieran sentido los criterios de justicia que proponen las visiones liberales, dichos criterios no logran dar en la práctica con la proporcionalidad ideal entre “esfuerzo y ganancias” que ellos plantean.
Esto mismo puede llevarse al plano de la realidad. Es un hecho que hay personas que trabajan y se esfuerzan “10” y ganan “1”, mientras que hay personas que se esfuerzan y trabajan “1” y ganan “10”. El ejemplo mencionado se pone en un reduccionista estado ideal que se aleja completamente de la realidad (porque se reduce a suponer que el esforzado tiene una buena nota y el no esforzado una mala). A lo menos en nuestro país, no existe una proporcionalidad directa y constante entre esfuerzos e ingresos. Los pobres, en su mayoría, no son pobres por ser flojos; y los “ricos” no lo son necesariamente por ser esforzados (por cierto, el escenario es bastante más complejo que una separación entre “ricos y pobres”; la “no proporcionalidad” esfuerzo-ingresos se extiende a todos los niveles económicos existentes). Habría que integrar al ejemplo, entonces, las variables “inteligencia”, “suerte” y “oportunidades”.
Luego, volviendo al ejemplo, cuando se afirma que “los esforzados se frustrarán y dejarán de esforzarse tanto, porque no verán los frutos de sus estudios”, se está afirmando que los estudiantes no asignan ningún valor al hecho de que su estudio pueda tener una injerencia positiva en el resultado de un otro. “¿¡Yo estudio para que un flojo suba su nota?!”. Así planteado el problema, es clara la injusticia. Pero ésa es una pregunta tramposa: no considera que el de la nota baja puede estar poniendo tanto o más esfuerzo que el “mateo” del curso. Y, así, los de notas altas, de ser medianamente virtuosos, bien podrían pensar “Yo tengo mucho talento, y con esfuerzo puedo sacar el mayor provecho posible a este talento, para que ganemos todos”. Los de las notas bajas, por su parte, de ser también medianamente virtuosos, podrían razonar diciendo: “Esto del estudio no se me da tan fácil, pero es mi deber aportar a los demás con lo que pueda”.
Es cierto que, en la realidad, con frecuencia las cosas tampoco se dan de este último modo. Hay matices hacia ambos lados: No todas las personas están dispuestos a dar su mayor esfuerzo (o algún esfuerzo) por la comunidad, pero tampoco ninguna.
Así, estas líneas están lejos (bastante lejos) de ser una apología al socialismo. Si lo fuera, no afirmaría que ambos escenarios planteados, de ser universalizados, se vuelven utopía. Y por la misma razón: Uno y otro devienen de ideologías que pretenden interpretar la realidad toda desde una sola arista de ella.
En este sentido, no me deja de impresionar la frase de un connotado liberal a ultranza: “Pero si la única deuda del liberalismo es la pobreza”, erigiendo entonces la suya como la postura casi perfecta, a la que falta afinar un par de detalles. Sé que esta postura puede no representar a todo liberal, pero a lo menos deja entrever hasta qué punto puede llegar esta ideología. En todo caso, creo que hay males que devienen del liberalismo que son iguales o peores que la pobreza. Ahora, de ser cierto (que la única deuda del liberalismo fuese la pobreza), no sería una deuda menor. Es, a lo menos, una irresponsabilidad enorme pretender implementar un sistema cuya supuesta única deuda ha sido y es una de las mayores lacras de la humanidad.







