
De cambios y transformaciones, ¿Facultad infranqueable?
Bastián Riquelme, Alumno 2º año
A propósito de lo ocurrido el pasado miércoles 23 de septiembre en nuestro consejo de representantes, es decir, la mayor instancia de discusión política y democrática de nuestra facultad, es que me gustaría realizar una pequeña reflexión sobre el significado de lo allí acontecido.
Al comenzar el año 2015, al igual que siempre, el primer acontecimiento político de relevancia en nuestra facultad fueron las elecciones de los delegados que componen actualmente nuestro consejo. Este año, fue común ver en varios programas de parejas candidatas a este puesto, diagnósticos de facultad que coincidían en profundas críticas a nuestro sistema de representación, y a cómo son llevados a cabo los procesos de elección de nuestro centro de alumnos. Palabras como “Transparencia” y “Plebiscito” fueron un común denominador en más de un programa, ¿coincidencia? No lo creo.
No es más que la representación de un ideal de facultad que abunda en una gran cantidad de alumnos, que dejando a un lado sus posturas o ideologías políticas determinadas, de manera transversal anhelan tener una escuela de derecho que no solo se jacte de ser académicamente la mejor de Iberoamérica en distintos rankings internacionales, sino que también sea un ejemplo a nivel mundial, estando a la vanguardia de un sistema político y representativo que vaya en línea con lo que los tiempos actuales demandan: participación, incidencia directa, transparencia, voz pero también voto, o sea, democracia real y no formal. Lo anterior, respaldado en el avance que han tenido las diversas democracias del mundo, que saliendo de la común representatividad dentro de cuatro paredes, ya han avanzado hacia la implementación de democracias mixtas, que cuentan con herramientas como la iniciativa popular de ley, el voto electrónico, referéndums y plebiscitos. Dicho ideal de cambio, fue canalizado ésta vez mediante una propuesta formal de reforma a los estatutos de nuestra facultad que realizó un grupo de delegados, que impulsaban la participación directa del alumnado en la toma de decisiones mediante el plebiscito, y la transparencia en las campañas electorales de centro de alumnos y consejero académico.
En un país donde la clase política ha decepcionado constantemente a los ciudadanos, con los ya más que nombrados casos Penta, Caval, Soquimich, y donde la aprobación de los poderes del Estado y sus respectivas instituciones está por el suelo, no puede ser que una facultad que ha forjado históricamente (y que con toda seguridad seguirá forjando) una importante clase política a nivel país, no vaya en la dirección que nuestro contexto nacional y por sobre todo nuestra realidad interna demandan.
No es casualidad que año tras año, se realicen propuestas para adecuar nuestros estatutos hacia la implementación de un sistema democrático que mezcle la representación electoral con la participación política directa mediante el voto del alumnado en la toma de decisiones y que también año a año estas sean rechazadas por nuestro consejo de representantes. Rechazadas con argumentos que básicamente pueden resumirse en “presunciones de no participación” o en “detalles técnicos”. Claramente, es de sentido común que una reforma no sea aprobada por detalles que la lleven a ser mala en la práctica, sin embargo, a todos aquellos que rechazan estas propuestas y que se basan en estos detalles les pregunto: ¿por qué no son ustedes los que impulsan estos cambios? o en vez de simplemente rechazar, ¿por qué no se hacen parte creando una nueva propuesta o perfeccionando las presentadas?

Se entregan además diversos datos porcentuales que darían cuenta que las decisiones tomadas por esta vía democrática carecerían de legitimidad, pero, seamos sinceros: Sería completamente absurdo que el estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile no votara en un plebiscito vinculante, siendo que por lo general, la participación del alumnado en la únicas instancias existentes actualmente (Elecciones de delegados, CADE y FEUC) asciende aproximadamente a un 90% (1327 alumnos en la última elección de CADE), y por sobre todo, en una Facultad que nos forma tempranamente con cátedras de Derecho político en nuestra carrera, sería vergonzoso que los alumnos no ejercieran el mecanismo más democrático y participativo que ha existido en toda la historia de la humanidad.
Actualmente, nuestro estatuto en su artículo 53° parte señalando que el plebiscito solo podrá alegarse en circunstancias extraordinarias. Si nos ponemos a comparar con carreras que albergan cantidades parecidas de alumnos como Ingeniería, Ingeniería comercial o College, nos podemos dar cuenta de que al igual que en Derecho, el plebiscito tiene el carácter de extraordinario, sin embargo, en dichos casos, se encuentra sustentado en una causal común que son las votaciones ponderadas. Nuestro problema, es que al tener una causal tan ambigua (circunstancias extraordinarias) se está dejando al arbitrio de una mayoría circunstancial el definir la condición de “extraordinario”. Ante esto mis preguntas son: ¿Por qué el rechazo a ponernos en línea con la forma de llevar a cabo la democracia en nuestra universidad? ¿Por qué estar en contra de la incidencia directa del alumnado mediante su voto? Y finalmente, ¿Por qué tenerle miedo a la esencia de la verdadera democracia?
La otra parte de la reforma planteada, apuntaba a la transparencia electoral, proponiendo por un lado la existencia de un presupuesto de campaña que debería ser publicitado por el secretario general del centro de alumnos con los gastos y sus respectivas justificaciones, y que además proponía limitar el gasto electoral en un monto determinado. Con suficiente seguridad, puedo afirmar que todos coincidimos en que la transparencia es un valor político incuestionable, y que ha tomado muchísima importancia en los días que actualmente vivimos. Más allá de los detalles técnicos, quiero señalar que desde mi punto de vista, estos no son más que excusas para ir en desmedro de algo que muchos simplemente no quieren que exista. Millones de pesos para invertir en un período de campaña donde lo fundamental debería ser la fuerza de las ideas y la innovación de nuestra facultad con los distintos proyectos que cada una de las listas candidatas propone. Una vez más me cuestiono: ¿Es necesario gastar tanto dinero o regalar tanta comida para poder transmitir un mensaje? Se criticó que en la propuesta no se invitó gente a participar, que era impracticable o que derechamente era una mala reforma. Pueden decir muchas cosas, sin embargo, estas iniciativas no son nuevas, y siempre son los mismos rostros los que siguen impulsándolas, luchando día a día contra el conservadurismo de una Facultad que en muchas ocasiones llega a parecer infranqueable. Nos estamos perdiendo una oportunidad única de demostrarle al país que la política puede ser ejercida de manera honesta, que si estamos dispuestos a trabajar desde un cargo de representación no tenemos nada que esconder y lo más importante, si somos la juventud que el día de mañana va dirigir la sociedad, no podemos dejar pasar la chance de ser un ejemplo sobre cómo debe ser ejercida la política, partiendo desde nuestra realidad y lo antes posible.
Finalmente, lo ocurrido el día 23 de septiembre es una muestra más de una Facultad que históricamente ha sido reacia al cambio, y con miedo a las transformaciones. Sin embargo, no olvidemos que es precisamente el miedo uno de los principales sentimientos que florecen cada vez que el ser humano ha intentado ir en contra de lo ya establecido, intentando derribar los paradigmas. No queda más que seguir trabajando aún más duro desde los diversos espacios existentes, para que el día de mañana podamos sentirnos orgullosos de pertenecer a una facultad que sea ejemplo de democracia, transparencia y participación.






